jueves, 16 de enero de 2014

Un lugar en la nada.

Estoy harto de la gente. Harto del mundo que estamos construyendo y que dejaremos a nuestro paso, de todos los pasos hacia atrás que estamos dando. Y dejadme deciros algo que parece que nadie se atreve a decir. Hoy, Internet no me parece el mejor invento del siglo o de la humanidad, porque Internet, sí, Internet nos está volviendo tontos. Hola. Estoy aquí. Te estoy hablando. ¿Puedes dejar de mirar la pantalla y mirarme a los ojos? ¿Puedes dejar de hablar por Whatsapp un segundo? En serio. ¿Qué os pasa? ¿No sentís que estáis perdiendo vuestras vidas? Yo, que llevo todo el día en casa, ya pienso que debería estar en la calle, viviendo, aprendiendo, creciendo como persona. Vivo con el profundo dolor de sentir que siempre podría estar haciendo más. Pero miro alrededor y pienso, ¿pero es que soy el único que se da cuenta? ¿Es que sois más felices que cuando no teníais móvil? ¿Es que vuestras relaciones han mejorado por las redes sociales? ¿Es que lo virtual puede ser mejor que lo real? No, claro que no lo es. Lo virtual es un sucedáneo. Es un sucedáneo que se ha convertido en caviar, champán para vosotros. Hasta el punto que despreciáis todo lo que no sea a través de una pantalla. Ahora permitidme que os dé una razón por la que nos gusta tanto Internet. Internet  nos da la opción de mentir, de ser hipócritas y aparentar lo que no somos, lo que querríamos ser. ¿Por qué en vez de fingir, intentamos ser lo que queremos? ¿Por qué no luchamos por nuestros sueños? ¿Por qué estamos tan jodidamente dormidos? Está claro, porque la red está a un click de distancia. Porque es mucho más difícil enfrentarse al mundo real que al virtual.

Pero esto cada vez va a más y amenaza con tragarnos a todos. Cada vez lo veo más claro. Nadie dice lo que piensa, nadie dice lo que siente, porque en internet vale con poner un simple emoticono, una carita feliz, para que te crean. Pero tenemos sentimientos. Somos humanos. Y con internet lo único que hacemos es construir nuestras putas barreras y alejarnos cada vez más, hasta prácticamente caer al abismo de la soledad. Aunque esta es una soledad envuelta en falso sentimiento de que tenemos un lugar. Un lugar en la red. Un lugar en la nada. A lo mejor yo al escribir esta entrada también esté buscando un lugar en la nada. Quizás yo también lo necesite. Pero no es suficiente. Para mí no. Yo necesito sentir, necesito ser yo y no otra persona, necesito sentir que estoy viviendo. Necesito saber que soy real, saber que soy humano.

Humanos. Eso es lo que somos. Parece que a veces lo olvidamos. Es paradójico que siempre hayamos soñado con robots que se parezcan cada vez más a nosotros, que lleguen a sentir, y sin embargo, el proceso va a velocidades mucho mayores a la inversa. Cada vez nos parecemos más a ellos. Y es triste. Me da miedo. Me da miedo que la humanidad y todos sus progresos se diluyan en este nuevo mundo tecnológico. Hemos creado a nuestro Dios y nuestro Dios nos ha acabado controlando.

Esta entrada ha sido inspirada por la película alternativa del proyecto #LittleSecretFilm "Manic Pixie Dream Girl (An internet love story)". Absolutamente recomendable. Os dejo el enlace a la película en Vimeo y al proyecto:
http://vimeo.com/58633538
http://littlesecretfilm.com/
P.D.: Obviamente no critico Internet en sí, sino su uso. Es una herramienta clave para el conocimiento, pero en cambio, nos conducimos a la inconsciencia y a la alienación. 

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