lunes, 9 de junio de 2014

La ciencia, ese gran desconocido (I)

Yo, como estudiante de ciencias (aunque humanista en potencia), creo importante hablar de este tema, ahora que está de actualidad. Después de que algunos periodistas o personas de círculos de Podemos se escandalizaran por una entrevista al eurodiputado de Podemos, Pablo Echenique, investigador del CSIC, en la que respondía a preguntas sobre temas científicos, como los transgénicos o la experimentación con animales, algunos empezaron a hablar de la "casta científica", metiendo en el mismo saco a la clase política y a la comunidad científica.

En primer lugar, quería demostrar que fuera de la comunidad científica y de los que aspiran a formar parte de ella, existe un gran desconocimiento, en general, de lo que es la ciencia y cuál es su papel en la humanidad.

Un ejemplo, son las declaraciones, hace días, de la actriz Gwyneth Paltrow, en las que decía se encontraba fascinada por la ciencia detrás de la energía de la conciencia y su efecto en la materia. Gwyneth, que había leído a Masaru Emoto, el cual sostiene que las palabras, sonidos, pensamientos hacia el agua pueden variar la forma de los cristales de hielo, había calificado de ciencia estas palabras. Sin embargo, estas afirmaciones son claramente pseudocientíficas y han sido duramente criticadas por la comunidad.

La diferencia entre una ciencia y una pseudociencia es que mientras la ciencia se somete a un método y está avalada por toda la comunidad, los conocimientos de las pseudociencias no son demostrables. La pseudociencia se basa en la figura de hombres que se envuelven en halos de sabiduría, que creen tener la verdad, mientras que su desarrollo se fundamenta en la ignorancia y en la fe de una población desconocedora de la ciencia. En cambio, en la ciencia no hay gurús, ni dogmas, existe un paradigma actual, un conjunto de teorías, que puede caer por otras nuevas, siempre que sean aceptadas por la comunidad. Es, por tanto, un trabajo común y exhaustivo, sometido a la autocrítica y al escepticismo.

En cuanto a los que hablan de "casta científica", convendría que entendieran que el mundo de la ciencia no es elitista, que la ciencia la hacen los científicos en su conjunto, que son personas normales y que muchos pueden formar y forman parte de los movimientos sociales. Convendría que supieran que la ciencia no es malvada y que no está al servicio del sistema, porque aunque sí es verdad que el capitalismo se alimenta en parte del conocimiento científico y tecnológico, este no es el objetivo de la ciencia. Convendría que supieran que existe algo llamada ciencia básica, la cual no tiene fines prácticos directos, sino que su objetivo es incrementar el conocimiento del hombre. La ciencia, por tanto, no es una mascota del sistema, es conocimiento, como lo son las humanidades. Por tanto, ir en contra de la ciencia, es completamente irracional, porque es ir en contra del conocimiento.

En cuanto a los límites éticos de la ciencia, considero que son necesarios, ya que no creo que el fin justifique los medios, pero la ciencia como tal no va en contra de la ética. Creo que el punto importante es cómo utilizamos los conocimientos adquiridos por la ciencia. Para mí, la ciencia no implica necesariamente progreso. Por ejemplo, he hablado en este blog del alienamiento tecnológico, pero este no reside en la existencia de la tecnología, sino del uso que hacemos de ellas. Por tanto, no creo que destruir las tecnologías sea la solución, sino analizar desde todos los ámbitos (social, ético, político...) su utilización. Con la ciencia, es lo mismo. Creo que la ciencia ha de estar sometida a la ética, pero para situar los límites debemos entender primero lo que es la ciencia. Y es, entonces, alguien que conoce la ciencia (como es un científico) donde está en mayor legitimidad que alguien que no la conoce de emitir un juicio sobre ella. Aplaquemos por tanto el desconocimiento de la ciencia, hagamos de la ciencia un bien cultural del pueblo. Entonces, con conocimiento, podremos utilizar la ciencia de un modo responsable y justo.

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